JUEVES 22 DE OCTUBRE DE 2026

Dios… nos consoló con la venida de Tito… también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aun más… por el gozo de Tito, que haya sido confortado su espíritu por todos vosotros… su cariño para con vosotros es aun más abundante, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, de cómo lo recibisteis con temor y temblor. 2 Corintios 7:6-7, 13, 15

Tito (2) – Portador de noticias para los corintios

Pablo había escrito la carta correctiva que conocemos como 1 Corintios con profunda aflicción, angustia de corazón y muchas lágrimas. Tiempo después, envió a Tito –uno de sus fieles colaboradores en la obra del Señor– a Corinto, con el propósito de conocer cómo había sido recibida su carta. En su segunda epístola, Pablo relata cómo aguardaba con gran inquietud noticias de Tito en Troas. Al no encontrarlo allí, decidió continuar su viaje hacia Macedonia (véase 2 Co. 2:12-13).

Ya en Macedonia, se hallaba abatido, rodeado de conflictos externos y asediado por temores internos. Sin embargo, en medio de esta carga, Dios lo consoló con la llegada de Tito y el alentador informe que traía consigo. Dios había animado y utilizado a este joven hermano –encomendado con una misión particularmente difícil. No es cosa menor, ni entonces ni ahora, que un hermano de otra localidad sea enviado a ayudar en medio de una situación difícil en una iglesia local. Quien vaya con confianza en sí mismo, pronto demostrará su inutilidad para ser de verdadera ayuda.

El Señor había usado la carta de Pablo para producir en los creyentes de Corinto una tristeza piadosa, la cual los condujo al arrepentimiento. Esa tristeza según Dios había dado fruto: diligencia, pureza, indignación, temor y un vehemente deseo de hacer lo correcto. Pablo podía ahora declarar que estaban limpios en cuanto a ese asunto. Ahora se alegraba con Tito, apreciando así la actitud de la iglesia de Corinto. La obediencia de ellos a la Palabra y la manera en que recibieron a Tito hizo que el amor de Pablo por ellos aumentara aún más.

Eugene P. Vedder, Jr.

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MARTES 20 DE OCTUBRE DE 2026

Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca. Salmo 119:13

Meditaciones sobre el Salmo 119 (2)

Si el Señor nos muestra algo en su Palabra –una nueva luz, una verdad que nos impresiona– no suele ser solo para nuestro beneficio individual. Sí, en primer lugar es para nosotros personalmente, pero no deberíamos guardarlo solo para nosotros. ¿No deberíamos compartirlo con otros? Y preferiblemente, hacerlo cara a cara. Vivimos en tiempos en los que basta con pulsar un botón para compartir un pensamiento bíblico con cientos de personas en redes sociales. Pero hay algo especial y necesario en hablar unos con otros directamente y decir: «Esta mañana he encontrado algo muy valioso en la Palabra de Dios, y me gustaría compartirlo contigo». Puede ser con una sola persona, con nuestra familia o con un grupo de personas. Nuestros labios han de declarar los juicios de Su boca.

Eso fue precisamente lo que hizo el Señor Jesús. En el Salmo 40 –una profecía mesiánica– encontramos estas palabras: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no refrené mis labios, Jehová, tú lo sabes. No encubrí tu justicia dentro de mi corazón; he publicado tu fidelidad y tu salvación; no oculté tu misericordia y tu verdad en grande asamblea” (Sal. 40:8-10). Primero, la Ley estaba en su corazón. Pero no quedó allí: la anunció públicamente. Vemos lo mismo en el Salmo 119.

Antes de que podamos compartir la Palabra con otros, esta debe ser preciosa para nuestras propias almas. No podemos dar lo que no hemos recibido. Un ejemplo ilustrativo lo hallamos en el libro de Rut. Ella espigó en el campo, comió de lo recogido, y luego, después de saciarse, llevó parte de ello a su suegra (véase Rut 2:18). A primera vista podríamos pensar que fue egoísta al comer primero. Pero, espiritualmente hablando, no hay otra forma: solo después de haber sido nosotros mismos alimentados con la Palabra de Dios, podemos alimentar a otros. Tiene que ser nuestro propio alimento antes de convertirse en el sustento de alguien más.

Michael Vogelsang

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LUNES 19 DE OCTUBRE DE 2026

Si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. 1 Pedro 1:6

La multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:10

Abrazar nuestras pruebas a través de la gracia de Dios

“Afligidos en diversas pruebas”. Nadie en esta tierra escapa a esta experiencia. Algunas pruebas son breves interrupciones, molestias inesperadas que redirigen nuestra atención. Otras, en cambio, se hunden profundamente en nuestra vida, dejando cicatrices que quizás nunca desaparezcan del todo.

Moisés, el varón de Dios, expresó que incluso quien vive más que la mayoría de las personas solo puede jactarse de su molestia y trabajo (véase Sal. 90:10). David, el dulce cantor de Israel, clamó con el alma angustiada: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?… ¿Hasta cuándo… [tendré] tristezas en mi corazón cada día?” (Sal. 13:1-2). Incluso nuestros poetas describen la vida como la de un actor que se pavonea y mueve brevemente en el escenario antes de desvanecerse en el silencio. El dolor de nuestras múltiples pruebas es real, y su diversidad puede hacernos sentir incomprendidos, como si nadie pudiera compartir del todo nuestro sufrimiento.

Sin embargo, la Escritura también dice: “tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” (Stg. 1:2). La respuesta cristiana al sufrimiento no consiste en apagar o negar nuestros sentimientos, como proponen algunas religiones o filosofías. En cambio, reconocemos la realidad del dolor mientras abrazamos la certeza de que Dios está obrando en medio de él, tanto en nosotros como por nosotros. Y lo afirmamos con confianza porque contamos con “la multiforme gracia de Dios”. Curiosamente, la palabra traducida como “multiforme” –rica en matices, como una pintura compuesta de muchos colores– es la misma que se utiliza para describir nuestras “diversas pruebas”.

Cuando parece que no hay fin a la variedad de nuestras pruebas, descubrimos que tampoco hay límite para la variedad de la gracia de Dios. Ninguna prueba es tan profunda que su bondad no pueda alcanzarnos. Ningún sufrimiento es tan único que Dios no pueda responder con un suministro exacto, preparado desde el almacén inagotable de su gracia.

Stephen Campbell

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DÍA DEL SEÑOR, 18 DE OCTUBRE DE 2026

El que sacrifica alabanza me honrará; y al que ordenare su camino, le mostraré la salvación de Dios. Salmo 50:23

El camino correcto (20) – El Señor Jesús honró a Dios de la manera correcta

El camino correcto comienza por dar a Dios el lugar que le corresponde, y por hacer lo que es correcto tanto ante él como ante los hombres. El apóstol Pablo exhorta a todos los cristianos a elevar rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, especialmente por quienes ejercen autoridad en la sociedad. ¿Con qué fin? Para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y honestidad (véase 1 Ti. 2:1-2). Al rendirle a Dios lo que le pertenece y al mantener el equilibrio entre honrar a las autoridades y vivir una vida de oración, lo estamos incluyendo en cada aspecto de nuestra vida.

Como hombres y mujeres cristianos (véase 1 Ti. 2:8-10), estamos llamados a representarlo en este mundo. Por nosotros mismos no tenemos fuerza –como dijo el Señor Jesús: “Separados de mí nada podéis hacer” (Jn. 15:5). Pero cuando encaminamos nuestra vida según la voluntad de Dios, disfrutamos de su presencia y recibimos ayuda desde lo alto.

Hay, sin embargo, una excepción única a esta regla: nuestro Señor Jesucristo. Él, siendo perfectamente obediente y amoroso, experimentó lo opuesto a lo que dice el versículo de hoy. A pesar de haber honrado a Dios en todo, fue desamparado por él en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Sal. 22:1). Por medio del Espíritu, proféticamente, el Señor expresó así la profundidad de ese sufrimiento: “Él debilitó mi fuerza en el camino; acortó mis días” (Sal. 102:23).

Aunque vivió siempre en perfecta comunión y dependencia de su Padre, fue desamparado por el Dios santo y justo cuando cargó con nuestros pecados (véase 2 Co. 5:21). En ese momento no recibió ningún socorro divino, porque estaba pagando nuestra deuda como nuestro Sustituto, recibiendo en su cuerpo la ira que nosotros merecíamos. ¿Podremos alguna vez agradecerle lo suficiente en acción de gracias y adoración?

Alfred E. Bouter

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SÁBADO 17 DE OCTUBRE DE 2026

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno. Hebreos 11:36-38

El cincel de la aflicción

Aunque muchos de nosotros anhelamos tener la fe heroica de los hombres y mujeres mencionados en Hebreos 11, pocos estamos dispuestos a atravesar el proceso que Dios utiliza para forjar ese tipo de confianza. Nos deleitamos al leer sobre las grandes victorias de quienes confiaron en el Señor, pero retrocedemos ante las descripciones de sufrimiento que aparecen en los versículos 36 al 38. Sin embargo, aunque ninguno de nosotros quiere pasar por situaciones tan terribles, Dios utiliza la adversidad como herramienta para purificar nuestra fe.

Imagine al Señor como un escultor de pie ante un bloque de mármol. Ese mármol es usted. Con mirada experta y manos llenas de amor, él contempla la obra maestra que se oculta dentro del mármol. Con cada golpe de su cincel, va retirando todo aquello que no corresponde a la obra maestra que está formando.

Una de las primeras áreas que el Señor trabaja es el carácter. Su objetivo es moldearnos a la imagen de su Hijo, y eso requiere ‘cincelar’ rasgos y actitudes contrarios a tal imagen. Su cincel revela con precisión las raíces del pecado y del egoísmo en nosotros.

Cuando algo o alguien ocupa un lugar más importante en nuestro corazón que el Señor, se convierte en un ídolo. Para librarnos de esa esclavitud, Dios puede permitir que enfrentemos pruebas que nos despojen de lo que antes sostenía nuestra seguridad. Así, somos llevados a apoyarnos solo en él.

El cincel duele; a veces sentimos que nos está quitando todo lo que valoramos. Y si no comprendemos su propósito, podríamos pensar que es cruel. Pero si confiamos en Él y nos rendimos al proceso de formación, nuestra fe se purificará y fortalecerá a través de la aflicción.

Tim Hadley, Sr.

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Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:23

Pedro y su Señor (5) – “¡Quítate de delante de mí, Satanás!” (B)

La ardiente reconvención de Pedro al Señor Jesús –cuando este anunció Su inminente crucifixión y muerte– no estaba en conformidad con la mente de Dios. El Señor le respondió: “No pones la mira en las cosas de Dios”. Pedro había pasado completamente por alto el propósito de Dios: Su Hijo debía ser hecho sacrificio por el pecado, algo que los profetas habían declarado repetidamente en las Escrituras. Al estar ocupado en sus propias convicciones e ideas, Pedro pasó por alto lo que el Señor acababa de afirmar: Él resucitaría al tercer día (v. 21). Si hubiera escuchado y comprendido esta promesa, su perspectiva habría sido muy distinta.

Que el Señor le dijera a Pedro: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo”, pone en evidencia la gravedad de lo que había hecho. Cuando dejamos de fijar nuestra atención en las cosas de Dios y nos enfocamos en las de los hombres, entonces podemos estar dándole lugar a Satanás. En ese momento, los discípulos –y en particular Pedro, como su efusivo portavoz– estaban absortos en la esperanza del reino venidero y de la liberación de Israel de sus enemigos. Lamentablemente, también estaban ocupados en disputas sobre cuál de ellos sería el mayor en ese reino; sus pensamientos giraban en torno a sí mismos y no en torno a Cristo (véase Lc. 22:24; 24:27). Este egocentrismo carnal ofrecía a Satanás una oportunidad para tratar de frustrar los propósitos de Dios.

Lamentablemente, lo mismo ha ocurrido a lo largo de la historia de la Iglesia, y sigue ocurriendo. Con frecuencia, los cristianos mezclan sus propias aspiraciones con los planes de Dios. Agendas y partidismo político, nacionalismo, orgullo étnico y esfuerzos por reformar el mundo han sido revestidos con formas cristianas. Satanás se vale de estas cosas para desviar la mirada de Cristo y frustrar los propósitos de Dios. Sin embargo, los propósitos del Dios soberano y altísimo siempre prevalecerán.

Brian Reynolds

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MIÉRCOLES 14 DE OCTUBRE DE 2026

Como diente malo y pie que resbala es la confianza en el hombre engañador en tiempo de angustia. Proverbios 25:19 NBLA

La excelencia de la fiabilidad

Pocas virtudes despiertan tanto respeto entre hombres y mujeres de bien como la confiabilidad. Esta cualidad, tan fina como firme, es la base de toda verdadera amistad, el fundamento de cualquier proyecto duradero y el cimiento indispensable de la confianza entre personas. Ser digno de confianza no es algo que se logre en un día; es el fruto de años de perseverancia constante en lo que es justo y recto.

Sea fiel a quienes han depositado su confianza en usted. Sea cuidadoso incluso en las cosas pequeñas. En Lucas 16:10, el Señor nos recuerda que la fidelidad no depende de la magnitud de lo que se nos encomienda, sino del carácter con el que respondemos: “El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel”. La fidelidad en las cosas pequeñas forja el carácter. Y como bien se ha dicho, «el carácter es hábito consolidado, y cuando está bien formado, tiende a mantenerse». Ser fiel en lo pequeño durante la juventud es una de las mejores protecciones contra ese deterioro moral que lamentablemente a veces aflora en la edad madura. Además, Dios nos entrena en lo pequeño para prepararnos para tareas mayores, porque a sus ojos todo servicio fiel tiene el mismo valor.

El principio aplica a cada área de la vida. Como expresó un poeta:

«Si yo fuera zapatero, sería mi orgullo
ser el mejor entre todos los zapateros.
Si fuera calderero, me esforzaría también,
y nadie como yo repararía un mal sartén».

Sea también leal a sus promesas. Otro autor escribió con acierto: «Hay todo tipo de hombres elogiados por todo tipo de cosas. Pero yo otorgo el primer puesto, el primer premio, la cinta azul, la medalla de oro, el premio nobel y tres hurras… al hombre que cumple su palabra».

G. Henderson

Mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador.

Tito 2:10

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MARTES 13 DE OCTUBRE DE 2026

Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. 1 Juan 2:12-13

Crecimiento espiritual: Hijitos, jóvenes y padres

El primer versículo de esta porción está dirigido a los “hijos”, no a los “hijitos” (véase NBLA y comparar). Es una declaración general que precede a las distinciones entre los tres grupos descritos más adelante. En primer lugar, se afirma un hecho glorioso y fundamental para todo creyente: el perdón eterno de los pecados. Este perdón es definitivo, irrevocable y no se basa en méritos humanos, sino que es concedido “por el nombre de Cristo”. Este perdón nunca perderá su poder. Sin embargo, hay diferentes etapas de crecimiento espiritual, las cuales son mencionadas a continuación.

Comenzamos con los “hijitos”, en quienes se destaca una experiencia temprana y preciosa: “Habéis conocido al Padre”. Aquí se resalta la relación vital e íntima con Dios, quien es conocido en su amor tierno, su verdad y su gracia. Para el alma que ha nacido de nuevo, Dios se vuelve accesible y absolutamente necesario. Hay en esta etapa una frescura especial, una alegría pura en la sencillez de la fe de un niño.

El segundo grupo es el de los “jóvenes”, de quienes se dice que han “vencido al maligno”. Esto implica un conocimiento enérgico que ha aprendido a discernir y rechazar los sutiles esfuerzos de Satanás, quien busca falsificar la bendita doctrina de Cristo. Los “jóvenes” muestran su energía y progreso, el cual se manifiesta en este poder efectivo sobre el poder del enemigo.

Finalmente vemos a los “padres”, quienes han conocido “al que es desde el principio”. Con el enemigo vencido, han alcanzado la madurez de una vida de paz y tranquilidad, alimentada por el conocimiento de Cristo. El alma de los “padres” se caracteriza por la dignidad y la sabiduría, cualidades que han adquirido por el pleno conocimiento de Cristo, en toda la bendita manifestación de su gloria que es “desde el principio”.

L. M. Grant

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LUNES 12 DE OCTUBRE DE 2026

De esto contaréis a vuestros hijos, y vuestros hijos a sus hijos, y sus hijos a la otra generación. Joel 1:3

El Evangelio empieza en casa

De esta manera tan sencilla, por la gracia de Dios, se mantiene vivo en la tierra un testimonio permanente a favor de la verdad: los amados del Señor deben transmitir a sus hijos el testimonio del Evangelio y del pacto, y estos, a su vez, a sus propios descendientes. Este es nuestro primer deber. El hogar es el punto de partida: quien no comienza su ministerio en casa, no es un buen predicador. Ciertamente, debemos alcanzar a los paganos por todos los medios, y recorrer caminos y vallados en busca de almas; pero la familia tiene prioridad. ¡Ay de aquel que invierte el orden establecido por el Señor!

Enseñar a nuestros hijos es un deber personal e intransferible. No podemos delegarlo a los maestros de escuela dominical ni a otros colaboradores bien dispuestos. Ellos pueden ayudarnos, pero no sustituirnos. Los padrinos o patrocinadores religiosos no reemplazan el llamado divino: son un recurso artificial cuando se trata de la fe. Padres y madres deben seguir el ejemplo de Abraham, guiando sus hogares en el temor del Señor y hablando con sus hijos de las maravillas del Altísimo. Esta labor es además un deber natural. ¿Quién está mejor capacitado para velar por el bienestar espiritual de un niño que aquellos a quienes debe su existencia? Descuidar la instrucción espiritual de nuestros hijos es peor que una falta de sabiduría: es una forma de crueldad moral.

La religión familiar es vital para la nación, para la familia misma y para la Iglesia de Dios. En nuestros días, la falsa religión avanza con sutileza y poder, infiltrándose por múltiples caminos. Y, sin embargo, uno de los medios más eficaces para resistir su avance se descuida: la enseñanza de la fe a los niños. ¡Ojalá los padres despertaran al sentido de la responsabilidad que tienen delante de Dios! Es un deber alegre el hablarles de Jesús a nuestros hijos. Y aún más, es una labor que a menudo ha sido honrada por Dios. Muchos niños han sido llevados a Cristo por medio de las oraciones y exhortaciones fieles de sus padres. Que cada hogar al que lleguen estas palabras honre al Señor y reciba su sonrisa de aprobación.

C. H. Spurgeon

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